Por años, la rendición de cuentas ha sido concebida como un ejercicio democrático destinado a informar a la ciudadanía sobre el uso de los recursos públicos, las decisiones adoptadas y los resultados alcanzados. Sin embargo y no es solo ahora, en varios cantones de Imbabura y Ecuador, las recientes rendiciones de cuentas de todas las autoridades , instituciones públicas, medios de comunicación y toda entidad o persona (incluyendo organizaciones sociales y privadas) que administre recursos públicos, desarrolle actividades de interés público o preste servicios públicos , dejaron una sensación preocupante, en muchos casos, el espectáculo terminó desplazando a la verdadera responsabilidad pública.
Escenarios cuidadosamente preparados, presentaciones audiovisuales, música, animación y discursos cargados de elogios personales parecieron ocupar más espacio que la explicación técnica y objetiva de la gestión realizada. La rendición de cuentas no debe convertirse en una estrategia de marketing político ni en una plataforma para fortalecer una imagen personal. Su esencia es la transparencia y el control ciudadano.
¿Qué significa realmente fiscalizar?
Existe una confusión que parece repetirse en algunos discursos de varios concejales. Fiscalizar no consiste en afirmar.
«Hemos visto que esta obra necesita mayor atención.»
«Hace falta más agilidad en determinado proyecto.»
«Hemos solicitado que se aceleren los trabajos.»
“No nos han dado la información”
“Aquí estamos por que nos denunciaron falta de atención “
“Hemos visitado para ver si se está cumpliendo”
“Fui delegado del señor alcalde a visitar Galápagos por…..”
“Vieron que bonito fue la inauguración del campeonato de fútbol, si se pudo” etc. etc .
Estas expresiones pueden representar observaciones o comentarios, pero están lejos de constituir una verdadera labor fiscalizadora y legisladora .
Fiscalizar implica revisar, investigar, verificar y exigir responsabilidades cuando existan incumplimientos administrativos, técnicos, financieros o legales. Significa analizar contratos, cronogramas, presupuestos, informes técnicos y procesos de contratación pública para determinar si la administración está actuando conforme a la ley y en beneficio del interés colectivo. Números, informes, estudios, gastos ,contratos tiempos, cumplimientos ,responsables en fin ,una fiscalización efectiva genera informes sustentados, recomendaciones formales y, cuando corresponde, denuncias ante los organismos competentes. No se limita a denunciar por redes a informar por redes ni a describir problemas; busca establecer causas, responsabilidades y soluciones.
Legislar tampoco es acumular títulos de «proponente»
Otro aspecto recurrente durante algunas rendiciones de cuentas fue la enumeración de ordenanzas presentadas por determinados concejales, como si únicamente el hecho de ser proponente constituyera un indicador suficiente de gestión.
Legislar significa analizar necesidades ciudadanas, construir normas técnicamente sólidas, debatirlas, incorporar criterios jurídicos, económicos y sociales, y aprobar instrumentos que realmente mejoren la vida de la población.
Una ordenanza no debe medirse por la cantidad de páginas, por el número de autores o por el acto protocolario de su presentación. Debe evaluarse por su impacto, su aplicación efectiva y los beneficios concretos que genera para la comunidad.
Ser proponente de una ordenanza es apenas una etapa del proceso legislativo; el verdadero mérito radica en que esa normativa responda a problemas reales y produzca resultados verificables.
La fiscalización exige independencia
La ciudadanía elige concejales para ejercer un contrapeso institucional frente al Ejecutivo municipal. Su función no es actuar como relacionistas públicos de la administración ni limitarse a respaldar cada decisión del alcalde.
Cuando existen retrasos en obras, sobreprecios, deficiencias en la ejecución presupuestaria o incumplimientos contractuales, corresponde ejercer un control serio y fundamentado. La fiscalización no puede reducirse a “denuncias en redes “ “en vivos en tik tok” , comentarios generales o expresiones diplomáticas que eviten profundizar en las causas y responsabilidades.
El control político requiere independencia, preparación técnica y valentía para formular cuestionamientos cuando sea necesario.
Los alcaldes también deben rendir cuentas con indicadores verificables
La crítica alcanza igualmente a varias rendiciones de cuentas de alcaldes, donde con frecuencia predominan videos emotivos, ceremonias, agradecimientos y listados de actividades, canciones bonitas, artistas sonados.
Administrar un municipio no consiste únicamente en inaugurar obras o realizar eventos públicos. La ciudadanía necesita conocer información objetiva:
¿Cuál fue el porcentaje real de ejecución presupuestaria?
¿Qué proyectos se concluyeron dentro de los plazos establecidos?
¿Qué obras presentan retrasos y por qué?
¿Cuánto costaron y cuál es su impacto social?
¿Qué observaciones realizaron los organismos de control y cómo fueron atendidas?
La rendición de cuentas debe responder preguntas incómodas, no solo destacar logros.
Menos espectáculo y más responsabilidad pública
La democracia se fortalece cuando las autoridades comprenden que la rendición de cuentas no es una ceremonia de autopromoción, sino un ejercicio de transparencia y responsabilidad frente a quienes las eligieron.
Los ciudadanos no necesitan shows, aplausos ni discursos triunfalistas. Necesitan información clara, verificable y sustentada. Esperan que los concejales legislen con calidad y fiscalicen con rigor, y que los alcaldes administren con eficiencia y expliquen con honestidad los aciertos y también las dificultades de su gestión. No incida en su rendición de cuentas hacer política en favor de su reelección
Porque gobernar implica administrar recursos públicos, y representar a la ciudadanía exige ejercer control con firmeza. Fiscalizar no es comentar; es investigar y exigir responsabilidades. Legislar no es anunciar una ordenanza; es construir normas útiles y eficaces para el bienestar colectivo.
Solo cuando estas funciones se ejerzan con seriedad, la rendición de cuentas en todos los ámbitos, dejará de ser un espectáculo para convertirse en el verdadero instrumento de control democrático que la sociedad merece.