Cada 9 de agosto, el mundo conmemora el Día Internacional de los Pueblos Originarios, una fecha destinada a visibilizar sus derechos, culturas, lenguas, territorios, conocimientos ancestrales y aportes a la humanidad.
La fecha recuerda la primera reunión del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas, realizada el 9 de agosto de 1992, en el marco de la Subcomisión sobre la Promoción y Protección de los Derechos Humanos.

¿Quiénes son los pueblos originarios?
Los pueblos originarios, también denominados pueblos indígenas o pueblos ancestrales, son comunidades que mantienen una relación histórica, cultural y espiritual con los territorios que habitaron sus antepasados, conservando formas propias de organización social, identidad, tradiciones, conocimientos, lenguas y sistemas de vida.
No se trata únicamente de pueblos del pasado. Son pueblos vivos, contemporáneos y protagonistas de su propio presente y futuro, que continúan defendiendo sus identidades, territorios y derechos colectivos.
Ecuador: un país intercultural y plurinacional
En Ecuador, la Constitución reconoce al Estado como intercultural y plurinacional y reconoce derechos colectivos a las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, así como al pueblo afroecuatoriano y al pueblo montubio. Entre las nacionalidades y pueblos indígenas del Ecuador se encuentran, entre otros, los Kichwa, Shuar, Achuar, Waorani, Cofán, Siona, Secoya, Sápara, Andoa, Shiwiar, Tsáchila y Awa.
En la Sierra, los pueblos kichwa mantienen una profunda relación con la tierra, la comunidad, las tradiciones, la espiritualidad y los conocimientos transmitidos de generación en generación. En territorios como en nuestra ciudad Otavalo, esta identidad constituye una parte fundamental de la historia y de la riqueza cultural del Ecuador. Son comunidades con historia, lengua y cultura propias unidas a la tierra. No son dueños, son parte.
Más que una fecha, un llamado al respeto entre todos, conmemorar este día significa reconocer que la diversidad cultural no es una división, sino una riqueza que fortalece a la sociedad.
También es una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que todavía enfrentan los pueblos originarios; la defensa de sus territorios, la preservación de sus lenguas, el acceso a una educación pertinente e intercultural, la protección de sus conocimientos ancestrales y la participación efectiva en las decisiones que afectan a sus comunidades.

Los pueblos originarios no son solamente memoria, tradición o folclore. Son identidad, presente y futuro.
En este 9 de agosto, reconocerlos significa escuchar sus voces, respetar sus derechos y comprender que la construcción de un país más justo pasa necesariamente por valorar su diversidad, ser pueblos indígenas implica una identidad ancestral y cultural previa a los Estados, mientras que ser dueño de la tierra es un concepto legal de propiedad privada o mercantil.
Para los pueblos originarios, el territorio no es un bien que se compra, sino un espacio vivo del que forman parte y que garantiza su existencia espiritual y colectiva, la cosmovisión indígena ve a la comunidad integrada a la naturaleza, no como propietaria que puede venderla, el territorio incluye agua, suelo, animales y saberes, siendo la base de su vida comunitaria.

Una sociedad que reconoce sus raíces comprende mejor su futuro.
Por la identidad, la diversidad cultural, los derechos colectivos y la dignidad de nuestros pueblos.
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