Por Marcelo Campos Encalada

En Otavalo la tierra Sarance que “siempre está de pie”, el “Valle del amanecer”, “la Capital Intercultural del Ecuador”, “la ciudad más amable del país”, es ahí, la tierra ancestral donde convergen las culturas de los pueblos originarios y se encuentran historias que hablan del espíritu de la naturaleza y la conexión con sus habitantes, convirtiéndose en la “cobija de todos”.

Antes de que nuestro Alfredo Jácome se preguntara “en dónde escribir tu nombre Otavalo”, y muy lejos de ser parte de la provincia azul de los lagos, hace mucho tiempo, en un valle rodeado de montañas sagradas, la tradición cuenta, que, con lágrimas, hinojos y por la influencia del río Jatunyacu, surgió una laguna que se convirtió en lugar sagrado y vital, conectada con la naturaleza y los espíritus del taita Imbabura , siendo parte del bosque protector del tío Peguche

A

Situada en el valle interandino bordeando hacia el oeste la Cordillera Occidental, desde el cual se puede observar a la familia de lagos y lagunas; las tres hermanas de Mojanda, la primera y más grande Caricocha o laguna macho, la Huarmicocha o laguna hembra y la Yanacocha o laguna negra, todas ellas logran transmitir tranquilidad de sus aguas junto con la vida de su vigilante el   Fuya Fuya, el tutelar volcánico Taita Imbabura y el compadre volcán Cusín, además de los primos, los centros eruptivos correspondientes a estratovolcanes del Pleistoceno temprano ,como el Cushnirumi , la mama Cotacachi y su sobrina Cuicocha.

Esta laguna ,fue una morada de dioses y espíritus protectores, venerados por su capacidad de conectar con lo sagrado y asegurar el bienestar de las comunidades. Su nombre IMBAKUCHA y en esos tiempos reflejaba la luz del sol y guardaba en sus corrientes las memorias de los ancestros y sus ceremonias.

Sus aguas eran símbolo de vida y armonía, y en ellas se podía sentir la presencia del Taita Imbabura y la Máma Cotacachi, sus padres, mismos que danzaban en comunión con el viento y las estrellas, al frente de su hijo el Lechero .

Desde el nacimiento de Imbakucha, un gran afluente de aguas y melodías suaves fluía del Jatun Yaku, hacia este lugar sagrado, era un claro rodeado de árboles centenarios donde la energía del territorio se manifestaba en un ritual de purificación. Allá las aguas bajaban con alegría, como si bailaran en celebración, y quienes acudían en tiempos de festividad, sentían que el espíritu de la tierra los limpiaba tanto por fuera como por dentro. Con el tiempo, las generaciones futuras, con corazones llenos de esperanza y compromiso, plantaron semillas verdes, símbolos de vida y respeto por el entorno, protegiendo las fuentes de agua y cuidando que su pureza permaneciera intacta. La vida florecía, la laguna cantaba y el lugar se mantenía sagrado.

En la cosmovisión andina, tanto los lagos como las lagunas son considerados lugares sagrados y vitales, conectados con la naturaleza y los espíritus de la montaña. Son moradas de dioses y espíritus protectores, venerados por su capacidad de conectar con lo sagrado y asegurar el bienestar de las comunidades.

Pero algo cambió en la actualidad, no es de recién, es desde hace algún tiempo atrás, la alegría se convirtió en tristeza, y las aguas, que antes reflejaban la belleza de nuestro mundo, comenzaron a oscurecerse y a perder su vitalidad. La presencia de la indiferencia de sus propios habitantes y la ignorancia de cuidados y de su importancia para la Pachamama, llenaron el espacio que antes era de armonía, dejando que las corrientes se ensuciaran y que el espíritu de la tierra se entristeciera.

Pareciera que su sobrina, la Cascada de Peguche ya se abrió y la paila de oro que estaba custodiada por dos perros negros y a un costado de la misma estaba sentado el diablo con un plato de arena, ya está intercambiando, la paila de oro, a diario va desechando poco a poco la arena y cuando se termina , se lleva el alma. El quilico, la tórtola, la lechuza de campo, la golondrina, gorrión, la sigcha, el terciopelo, el quinde cola larga, el quinde Real, el colibrí, reptiles, lagartijas, ranas, sapos, las pequeñas culebras ya no están. Tampoco la vegetación arbustiva, ni el sauco , cholan y moras ya no se ven, tampoco lo que a flote en las morillas crecía, la totora.

El Corazón del taita Imbabura está herido viendo a su hija Imbakucha  sucumbir , solo encuentra refugio en su hijos , el Lechero,  Tupatán y Kingu Cruz. Pakarina, Mishky Yacu , Ali Shungo,  hasta la misma amante del Taita Imbabura ,Huarmi Urco , con sus hijas las gemelas lomas ,Punjura, y la Negra, junto con la mama Nieves ,allá en la hermana Cuicocha, también lloran, el silencio les invadió ,  algunos años sin atención y quienes antes respetaban sus símbolos ahora alejaron su mirada, olvidando la importancia de escuchar y cuidar.

Los niños ya no disfrutan de las aguas limpias ni de los ceremoniales andinos en estos sitios sagrados. Los ancestros, guardianes de la memoria, sienten que su legado se desvanece en la contaminación del alma colectiva.

Pero el espíritu de la tierra Sarance sigue vivo, más en aquellos que aún recuerdan su esencia. En quienes protegen y valoran la vida, en quienes siembran con amor, en quienes sueñan con un mundo respetuoso y en armonía con su entorno.

 La fuerza de la comunidad, la conciencia ancestral y la importancia de cuidar el ambiente y la naturaleza, nos llaman a despertar y actuar.

Porque si permitimos que Imbakucha , hoy  laguna de San Pablo  siga ahogándose en sus propias aguas y en la indiferencia, si dejamos que la tierra y sus reflejos se contaminen sin remedio, tenemos que preguntarnos muy concienzudamente  ¿Cómo podremos recuperar la pureza de nuestro corazón y nuestro planeta algún día?

Cierto es que después de cada tempestad, el pueblo Sarance siempre atraviesa triunfante el puente enorme de colores celestiales: Cuiche (Gualambiro). Por allí caminaba el Taita Imbabura con su amante Huarmi Urco . De aquel amor nació  el hijo mayor, Yanaurco.

Con ese amor del hombre Sarance”que siempre está de pie” y con la corresponsabilidad calar que  cuidar, preservar y sanar la naturaleza, también es nuestra, comencemos con nuestras acciones conscientes para devolverle a Imbakucha ,su vitalidad , su espíritu sagrado y sus colores celestiales .