La radio es un medio de comunicación que nos viene acompañando toda la vida. Todos tenemos muchos recuerdos de nuestra infancia en los que el sonido de la radio ha estado presente. Como siempre he dicho, se trata de un medio que acompaña a quien lo escucha, aunque esté solo.

Aunque lamentablemente desde algunos años hemos escuchado que la pérdida de audiencia de la radio, se lo hace con una frase sencilla y demasiado cómoda: “la gente ya no escucha radio”. Spotify, YouTube, los podcasts, TikTok, Facebook, Twiter,cleads, istagram y más redes sociales y las plataformas de streaming se convirtieron en los sospechosos habituales. Y, sin duda, cambiaron radicalmente la manera en que las personas consumen información y entretenimiento.
Pero quizá hemos estado mirando el problema desde el lugar equivocado, la gente principalmente mayor, (25 a 70años) sigue escuchando. Lo que ha cambiado es aquello que está dispuesta a escuchar, el público hispano continúa buscando música, noticias, conversaciones, entrevistas, historias, humor y, sobre todo, personas capaces de decir algo que tenga sentido.
La competencia de la radio ya no es solamente otra frecuencia. Es todo aquello que, en determinado momento, consigue captar la atención de una persona y aquí aparece una palabra que, a mi juicio, debemos recuperar con urgencia, LA PROGRAMACIÓN o parrilla de programación diaria y semanal.

Programar radio no significa llenar horas, no significa colocar canciones automáticamente, repetir frases, gritar frente a un micrófono o acumular contenidos sin una razón, programar es pensar, es decidir qué historia merece ser contada, qué información necesita contexto, qué personalidad puede conectar con la audiencia, cuándo hablar, cuándo escuchar, cuándo hacer una pausa, qué música poner y, sobre todo, por qué alguien debería escuchar mañana a nuestra emisora.
La radio también debe recuperar algo que nunca debió perder, el respeto por la audiencia, siempre lo he dicho el humor tiene un lugar extraordinario en la radio. Una buena ocurrencia, una conversación inteligente y una chispa de espontaneidad pueden convertirse en momentos inolvidables, pero humor no es humillación, no es insulto, no es burla permanente, no es remedar al otro para ridiculizarlo, humor no es convertir al entrevistado, al oyente o a una persona en objeto de una chacota y mucho menos debería ser necesario recurrir permanentemente a risas pregrabadas, gritos, imitaciones ofensivas o expresiones de mal gusto para demostrar que un programa es divertido.
La radio puede hacer reír sin perder la dignidad, puede entretener sin degradar, puede ser popular y bien escuchada sin ser vulgar, puede ser irreverente sin ser irrespetuosa y puede ser cercana sin abandonar la responsabilidad que implica tener un micrófono abierto.
También debemos mirar otro fenómeno de nuestro tiempo, cada vez más personas quieren convertirse, simultáneamente, en políticos, entrevistadores, comentaristas, historiadores, consejeros y críticos, las redes sociales han democratizado la palabra y eso es positivo. Pero tener un micrófono, una cámara o miles de seguidores no convierte automáticamente a una persona en periodista o comunicador profesional.
La comunicación requiere preparación, responsabilidad, investigación, ética y, fundamentalmente, respeto por la verdad y por la ciudadanía, la política puede utilizar los medios para comunicar sus propuestas, los ciudadanos tienen derecho a conocer sus posiciones, sus argumentos y sus actuaciones.

Pero una cosa es comunicar y otra muy distinta es utilizar permanentemente la exposición pública como escenario personal, la audiencia también aprende a distinguir, sabe cuándo alguien tiene algo que decir y cuándo simplemente quiere aparecer.
Por eso, si una emisora pierde audiencia, culpar inmediatamente al streaming puede resultar demasiado sencillo, antes deberíamos hacernos preguntas más incómodas ¿Estamos ofreciendo contenidos que realmente valen la pena?.¿Nuestros periodistas investigan o simplemente leen? ¿Nuestros locutores conversan con la audiencia o solamente hablan sobre ella? ¿Nuestros programas tienen personalidad? ¿Hay historias? ¿Hay investigación? ¿Hay emoción? ¿Hay humor inteligente? ¿Hay voces nuevas? ¿Hay espacio para la comunidad? ¿Estamos escuchando a nuestros oyentes? Somos un ¿ “EmiRec” Emisor Receptor al mismo tiempo? Y , sobre todo, ¿Le estamos dando al público una razón para volver a sintonizarnos mañana? Y principalmente en lo que basa su presencia en el “aire”, tengo seguro los efectos de publicidad certeros si pauto en esa radio ?
Porque quizá la gente no dejó de escuchar radio, quizá dejó de escuchar esa radio, una mala programación repetitiva con lo mismo y lo mismo puede hacer parecer viejo a un medio completamente vigente y eso no permite tener el “feedbak” publicitario, si escuchan en lo mejor de los casos, las familias de los locutores y unos 20 oyentes amigos, que efectividad se espera .
Una buena programación puede transformar una frecuencia tradicional en conversación, compañía, información, identidad y comunidad y existe algo todavía más importante, hoy una gran producción radial no termina cuando se apaga el transmisor, una buena entrevista radial puede convertirse en un podcast, una noticia puede viajar a las redes, una historia puede convertirse en un video, una conversación puede generar debate en YouTube, Facebook, Instagram o TikTok, pero el origen debe seguir siendo el mismo, buen periodismo, buena producción ,buena radio y buenos contenidos.
Aclaro no se trata de competir con las nuevas plataformas copiándolas, se trata de hacer radio con tanta calidad que nuestro contenido tenga la capacidad de viajar por todas ellas, la radio no necesita desesperadamente parecerse a TikTok.
Necesita volver a ser buena radio, con criterio, con personalidad, con investigación, con memoria, una Radio con música seleccionada y no simplemente automatizada, radio que acompañe, que informe, que eduque, que entretenga, ahora muy importante sea una radio que escuche, que respete y especialmente, radio que tenga algo que decir.
Después podremos discutir formatos, plataformas, algoritmos, inteligencia artificial, streaming y nuevas tecnologías, pero antes debemos recuperar lo esencial, la responsabilidad de hacer que cada minuto frente al micrófono tenga sentido.

Porque quizás el futuro de la radio no depende solamente de cuántas personas todavía tienen un receptor, depende de cuántas personas encuentran en una emisora una voz en la que confían, una historia que quieren escuchar y un espacio al que desean regresar.
Así que todavía me mantengo, la radio no está muerta en su totalidad, lo que debemos evitar para que muera es hacer aquello que hizo de la radio un medio imprescindible, la buena programación, el buen contenido, la creatividad, la credibilidad y el respeto por quienes están al otro lado del micrófono. Ese es el desafío, no lamentarnos porque la audiencia se fue ,sino producir y difundir contenidos que le den razones para volver y esto es posible realizarlo bien,unicamente con experticia.