En este tiempo sagrado de Ridván, cuando florece la memoria espiritual de los Jardines de Ridván y se renueva el mensaje de unidad, paz y amor universal, elevo un saludo respetuoso y profundamente emotivo a la comunidad bahá’í del mundo.

Celebrar Ridván es recordar aquella luminosa declaración de Bahá’u’lláh en 1863, cuando en medio del exilio sembró una esperanza destinada a abrazar a la humanidad entera. Un mensaje que no pertenece solo a una fe, sino a todos quienes creen en la dignidad humana, en la fraternidad entre los pueblos y en la construcción de un mundo más justo.

Ridván, que significa paraíso, no es solo una conmemoración: es una invitación a reencontrarnos con lo mejor del espíritu humano. Es un llamado a comprender que la paz comienza en el corazón, que la unidad no es una utopía, sino un deber, y que el amor universal puede ser la fuerza transformadora de nuestro tiempo.

A los hombres y mujeres bahá’ís que, en silencio y con nobleza, trabajan por la concordia, la educación espiritual, el diálogo y el servicio a la humanidad, mi reconocimiento y gratitud. Su testimonio nos recuerda que servir es también una forma de orar, y que construir comunidad es sembrar futuro.

Desde Ecuador, tierra de diversidad, memoria ancestral y esperanza, me uno con respeto a esta fiesta sagrada para expresar:

¡Feliz Ridván a todos los bahá’ís del mundo!

Que estos doce días sagrados sean un tiempo de alegría, reflexión y renovación espiritual.
Que el mensaje de Universal House of Justice siga inspirando caminos de unidad.
Que la luz de Bahá’u’lláh continúe guiando corazones hacia la paz.

Y que, en medio de un mundo necesitado de entendimiento, florezca con más fuerza la certeza de que la humanidad es una sola familia.

Desde Ecuador, con fraternidad y esperanza: Feliz Ridván.