El Gobierno Nacional emitió un decreto presidencial que dispone priorizar el uso de los recursos económicos del Estado en obras públicas y programas sociales, por encima del gasto destinado a fiestas, eventos protocolarios y celebraciones financiadas con fondos públicos.
Así el gobierno ecuatoriano ha intensificado las medidas de austeridad, impulsando iniciativas legales y decretos para limitar drásticamente el uso de fondos públicos en fiestas, conciertos y eventos no esenciales. Se prohíbe el uso de recursos públicos para fiestas, regalos y decoraciones en diversas entidades de la Función Ejecutiva, buscando optimizar el gasto.

Fin, a los auspicios de la alcaldía, la prefectura, el Gad parroquial…, esta medida busca optimizar el presupuesto estatal en un contexto económico complejo, enfocando la inversión en infraestructura, servicios básicos, salud, educación y reactivación productiva.
Según el Ejecutivo, el decreto apunta a una administración “más austera y responsable” de los recursos públicos, evitando gastos que no generen impacto directo en el bienestar ciudadano.
Prohibición de Gastos: Se prohíbe el uso de recursos públicos para fiestas, regalos y decoraciones en diversas entidades de la Función Ejecutiva, buscando optimizar el gasto.
Restricción en Municipios: Existe una propuesta de ley (actualmente en debate) que impide a Municipios y Prefecturas financiar eventos festivos si no cumplen con sus obligaciones laborales o de obra pública, obligando a buscar autogestión con la empresa privada. En Otavalo la ordenanza de fiestas y eventos culturales tendrá que reformarse, lo propio, aunque está en proceso, la propuesta a la reforma de fiestas y actos culturales impulsado por el concejal José Yamberla .
Excepciones: Se permiten eventos que no involucren egresos de recursos públicos, previa autorización, y se exhorta al uso de espacios públicos propios para ahorrar

No obstante, el decreto no prohíbe las expresiones culturales ni las conmemoraciones tradicionales, sino que plantea un cambio de enfoque: celebraciones sobrias, con identidad local, participación comunitaria y sin despilfarro económico.
Desde distintos sectores se ha resaltado que la cultura puede y debe sostenerse a través del talento de artistas locales, gestores culturales y saberes ancestrales, reduciendo la contratación de espectáculos costosos que muchas veces responden más a lógicas comerciales que a la verdadera tradición cultural del país.
