Por el Abg. Carlos X. Leiton Del Castillo
31 de octubre de 1829 – 31 de octubre de 2025
Queridos otavaleños.
Pueblo noble, trabajador y valiente.
Ciudadanos de bien, hombres y mujeres que llevan en la sangre el orgullo de esta tierra milenaria:
1. Hoy nos convoca la historia.
Hoy, 31 de octubre, recordamos con emoción aquel día glorioso de 1829, en el que el Libertador Simón Bolívar, DECRETÓ, a Otavalo, de villa a ciudad; enamorado de esta Tierra Sarance, de sus encantos del Valle, de su pujanza, del trabajo de su gente.
Han pasado 196 años desde entonces, y, sin embargo, el corazón de nuestra tierra sigue latiendo con la misma fuerza, con el mismo orgullo, con el mismo espíritu rebelde que ha hecho de Otavalo un nombre que trasciende fronteras; sentimos vibrar en el pecho la historia de un pueblo que nunca se rindió, que jamás se arrodilló, que aprendió a levantarse de las dificultades con dignidad y con orgullo.
Aquí nació la artesanía que conquistó el mundo, aquí floreció el pensamiento libre, aquí se forjaron hombres y mujeres que jamás bajaron la cabeza ante la injusticia.
Otavalo no es solo un punto en el mapa del Ecuador; Otavalo es identidad, es cultura viva, es esfuerzo diario, es dignidad y trabajo.
Es el eco de nuestros mayores que con sabiduría y valentía, levantaron una ciudad entre montañas, sembrando progreso en cada piedra del camino.
Otavalo ha sido faro de progreso, ejemplo de convivencia, orgullo del Ecuador.
2. Pero hoy, con el corazón lleno de amor por mi tierra, debo decirlo con coraje, que Otavalo hoy duele.
Lo que alguna vez fue modelo de orden, belleza y cultura, hoy sufre el abandono, la improvisación y la indiferencia.
Duele ver cómo el desorden, la falta de visión y el egoísmo político han oscurecido lo que con tanto sacrificio construyeron nuestros antepasados.
Duele ver calles descuidadas, autoridades que han olvidado que servir a Otavalo no es un privilegio, sino un compromiso sagrado, que olvidaron que gobernar es servir, no servirse; que nos han querido hacer creer que el desorden es normal, que el conformismo es la nueva identidad del otavaleño.

¡Basta ya de la indiferencia!
¡Otavalo no merece eso!
Otavalo merece respeto, merece visión, merece liderazgo con valores.
Otavalo no nació del favor de nadie, Otavalo nació del esfuerzo, del trabajo, del talento y de la inteligencia de su gente.
Porque esta ciudad no fue levantada con mentiras, sino con manos honestas y corazones valientes.
Otavalo no nació para arrodillarse ante la mediocridad, Otavalo no se rinde, Otavalo merece más, merece liderazgo honesto, educación con valores, civismo y amor verdadero por la tierra que nos vio nacer.
No podemos permitir que la apatía reemplace el orgullo, ni que la historia gloriosa de nuestros mayores se convierta en un simple recuerdo en los libros.
Hoy, en estos 196 años, levantemos la voz con firmeza, pero también con esperanza.
Porque la historia de Otavalo no está escrita solo en el pasado, la seguimos escribiendo nosotros con nuestras acciones, con nuestra honestidad, con nuestra educación, con nuestro amor por lo justo; porque somos un pueblo que, cuando lo intentan callar, responde con dignidad, con trabajo y con coraje.
3. Hoy levanto mi voz, con respeto, pero con firmeza:
Por cada otavaleño de bien, por cada joven que sueña, por cada madre que lucha, por cada obrero, cada comerciante, cada artesano que pone el alma en su trabajo, porque es parte viva de esta nueva página que debemos escribir con valentía.
Hoy hablo como hijo de esta tierra, como ciudadano que ama su ciudad, hablo como alguien que no se resigna a ver cómo se pierde el orgullo otavaleño, ni cómo se apaga la esperanza de su gente buena.
Queremos que se respete la historia, que se escuche al pueblo, que se devuelva la dignidad a nuestra ciudad; Porque Otavalo no está condenado al retroceso, Otavalo está llamado a renacer, a levantarse con más fuerza, con la energía de su gente, con la unión de todos.

Por eso hoy, desde el corazón, con respeto, pero con firmeza, declaro:
Otavalo despertará; Despertará con la fuerza del pueblo, con la unión de sus barrios, con la voz de sus jóvenes y con la valentía de su gente honesta.
Porque esta tierra aún guarda la fuerza de sus antepasados, la sabiduría de sus mayores y la esperanza de sus hijos que no se cansan de soñar con un Otavalo mejor.
Que hoy no sea solo una fecha para celebrar, sino una oportunidad para despertar la conciencia ciudadana, para recuperar la identidad, para unirnos en torno a los valores que nos hacen grandes: Honestidad, Solidaridad, Trabajo y Respeto.

Porque mientras haya un otavaleño que ame esta tierra, Otavalo jamás morirá, Otavalo seguirá en pie, más fuerte, más digno, más nuestro que nunca.
¡Que viva Otavalo; ¡Que viva su historia, escrita con sangre y coraje! ¡Y que viva su gente de bien, que jamás permitirá que la oscuridad apague la luz de este pueblo noble y eterno!