La estrategia y encuestas políticas.

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La estrategia es el factor individual más importante en una campaña política. Una estrategia correcta puede sobrevivir a una campaña mediocre, pero incluso una campaña brillante puede fallar si la estrategia es errónea.

El efecto del “voto al ganador” no existe. La teoría generalmente aceptada de que mucha gente vota por el presunto ganador de unas elecciones por estar con quien gana, es falsa. Muchas campañas están dedicadas a demostrar que el candidato ganador es el suyo. Filtran encuestas a la prensa demostrando que su candidato va por delante de los demás, esperando que los electores se movilicen para estar con el ganador. De hecho, ocurre lo contrario. Los seguidores de un candidato que no tiene la victoria asegurada suelen trabajar más, mientras que los seguidores del candidato que tiene las elecciones ganadas tienden a confiarse y se movilizan menos.

Por otro lado sobre los mítines y reuniones, la cantidad de asistentes a los actos electorales tiene poco que ver con el voto. No quien moviliza mejor a sus seguidores tiene garantía de obtener más votos.

Las encuestas son esenciales pero no hay que dejarse engañar por ellas .La única razón práctica para hacer una encuesta es obtener información que ayude a ganar las elecciones. Si la encuesta no va a hacerlo, es mejor gastar el dinero en otra cosa.

Quizás la información menos importante de una encuesta es la de quién va por delante un momento dado. No se puede dirigir una campaña sin encuestas adecuadas pero no se puede depender exclusivamente de ellas. Tampoco hay que hacerlas públicas a menos de que haya una rara y extremadamente buena razón para hacerlo.

No hay que temer nunca la incorporación de verdaderos expertos. Hay que utilizar los mejores expertos que se puedan obtener sin preocuparse de herir los sentimientos de alguien. La mayoría de campañas no saben cómo utilizar correctamente a sus asesores. La mayor parte de los candidatos y de los responsables de campaña no saben qué hacer o qué debería hacer un asesor. Hay que aclarárselo al principio para que sus expectativas no sean exageradas o irreales.