El estigma a los empleados de libre remoción (1)

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Actualmente vivimos en sociedades que tienden a ser cada vez más complejas y competitivas en cualquier aspecto de la vida de los individuos. Debido a ello, cada vez más se requiere de la perfección continua de las características psicológicas y físicas personales a la hora de llevar a cabo cualquier interacción diaria.

El factor trabajo público de libre remoción, se presenta como un elemento central en tiempo de elecciones para el cambio de gobierno y/o administraciones municipales.

Según lo dispuesto en la carrera administrativa y dentro de la clasificación de empleos, los cargos de libre nombramiento y remoción son aquellas asignaciones laborales realizadas a discreción del empleador o nominador y que se rigen por el criterio de mérito, de las calidades personales y de la capacidad profesional de una persona.

Los cargos de libre nombramiento y remoción son únicamente los creados de manera específica, de conformidad con el catálogo de funciones del organismo o la entidad territorial, para cumplir un papel directivo, de manejo, de conducción u orientación institucional. En dicha labor se ejecutarán funciones políticas como el desarrollo de directrices fundamentales.

En este sentido el trabajo público de libre remoción, es un contexto también en continua evolución, que exige a los escogidos ,el máximo rendimiento para poder subsistir dentro de este elemento vital y poder desarrollar una buena administración.  La remoción de estos empleados procederá cuando la persona que posea autoridad disponga prescindir del funcionario, pues, el nominador posee facultad discrecional, lo que le permite dictaminar libremente sobre el cargo, ya sea confirmando o removiendo al encargado. O sea, totalmente estar acorde a la autoridad nominal.

Pero lamentablemente y sin ser removidos de sus cargos, existen determinados grupos sociales que a estos trabajadores los estigmatizan en cuanto ya terminan o cumplieron el periodo, lo penoso es que estas reacciones se asocian a un partido o movimiento político.  Y esto causa que los estigmatizados, sea cual sea la razón, presenten mayor complejidad y un mayor número de dificultades a la hora de buscar trabajo una vez terminado sus responsabilidades en la administración pública a la que sirvió.

Su servicio entregado, las muchas “puestas de pecho a las balas” por cuidar la administración política a la que servían, provocan que buena parte de la sociedad, tenga una mala imagen determinándolos características negativas. Peor cuando de reelección se trata, consecuencia de ello es que no los valoran de igual forma que a las personas no estigmatizadas y los clasifican en personas que causan “rechazo” y en las que no son tan competitivos como la sociedad mayoritaria.

Así ellos necesitan de estrategias de afrontamiento que no están implantadas en nuestras sociedades, por lo que creo es necesario crear reglas públicas que tomen en cuenta esta problemática, para que puedan tener al apoyo y ayuden a que la integración, tanto desde el plano individual como colectivo de las personas estigmatizadas políticamente en el mundo laboral público, sea plena y eficaz.

Son diversos los amigos estigmatizados que hoy con tesón y lucha están en el camino de integrarse en el mundo laboral independiente, como el resto de la sociedad. Yo les veo no me cuentan y soy uno de ellos, en la parte dos, entraremos en este plano.