Ser Otavaleño, una enorgullecedora realidad.

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El paso del tiempo sí ha dado la razón al Decreto visionario del Libertador. Los otavaleños trabajamos incasablemente por embellecer nuestra gran ciudad y diariamente desde toda trinchera la construimos con esfuerzo y tesón. “Solemos llevar encendida, ardiente y crepitante la llamarada cárdena, y purificadora del amor al suelo donde nacimos, entre estos pañales dorados de una evocación esencial por la libertad y la cultura. Es por esto y por otras cosas más, que ser Otavaleño, una enorgullecedora realidad”. Enrique Garcés

“Por Otavalo era todo y por ese pueblo diminuto y sonriente bien empleados estaban los recelos y las inquietudes. Y el trabajo de cada uno”. Fernando Chaves.

 “La juventud, en búsqueda de nuevos horizontes, estudia en colegios y asiste a su propia universidad. Se vislumbra que el futuro de Otavalo es promisorio, por el esfuerzo y el trabajo de sus hijos”.  Víctor Alejandro Jaramillo

Nuestro Otavalo ha experimentado profundos cambios en la cultura originaria en todos los niveles, felizmente no perdemos todavía los elementos fundamentales de nuestra música, de la relación con la tierra, de nuestras formas de organización socio-económica y de nuestros vínculos mágicos simbólicos con el cosmos.

Cumplimos 189 años del decreto mediante el cual el Libertador Simón Bolívar elevó a la Villa de Otavalo a la categoría de Ciudad, “cada pedazo del pueblo (Otavalo) refleja un aporte humano, individual, firme, vital. Cada casa, en cambio, el testimonio del esfuerzo comunitario. En cada adobón que soporta temblores, terremotos y discursos políticos, la huella dura, impactante del indio tapialero; en la madera, el permanente olor a eucalipto viejo y de manos encallecidas de leñadores; en la techumbre, tejas verdes rojizas, conservando siempre la calidez del barro cocinado”. Plutarco Cisneros.

Loor a Otavalo.