¿Ser alcalde, difícil y complejo?

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Anteriormente pensaba que ser alcalde en democracia era bien difícil y complejo, casi titánica diría, por los grandes conocimientos que se presuponía debían tenerlos, siquiera generales por no decir específicos, técnicos y profesionales.
Creo pocos nos ponemos a pensar que la cosa es más grave de lo que parece, querer ser alcalde sin preparación es ya corrupción, tanto como ejercer la medicina de la noche a la mañana sin ser médico, o la abogacía sin saber leyes. La ligereza y temeridad de algunos es tan grande y lustrosa que no ven hasta que es demasiado tarde.
A ello ayuda, sin duda, la ambición desmedida del aspirante, cegado por la vanidad, incluso endiosado, y la alegre decisión de unos votantes guiados por una fachada o presencia contundente y aparentemente segura, (principalmente la que asegura los candidatos a la primera concejalía). De ahí los estrepitosos fracasos y desbandadas de unos y otros. De ahí también el descrédito considerable y la desconfianza que acompaña a la clase política, dura de atenuar o eliminar en estos próximos comicios.
Al escuchar “quiero ser alcalde para trabajar por mi tierra y por mis vecinos. Yo nací y crecí aquí, toda mi familia es de Otavalo y mi vida está en Otavalo y como suelen decir, le quiero a Otavalo y deseo que sea un pueblo donde vivamos cada vez mejor”, viene la idea de que todo quedará amortiguado, disimulado o difuminado, todo quedará descarnado y las tapadas o cubiertas mezquindades a la vista de todos, sin saber qué hacer.
Propongo una “locura”, exigir a los 14 candidatos a la alcaldía de Otavalo, o a los que queden, permitan se examine y socialicen fehacientemente sus planes de gobierno y propuestas, como y con que lo van realizar y en que manos de legisladores, fiscalizadores y asesores va a estar nuestro destino.
Cierto que este pedido es ley y que tendrán que hacerlo de una u otra forma, pero por la gran oferta electoral y en una situación económica como la que vivimos, vamos a descubrir a quienes, como se suele decir, “quieren pescar en río revuelto”, presentándose para lograr solo objetivos personales y sin siquiera un proyecto para Otavalo.
A nivel nacional, hay partidos que pueden responder al descontento con la política y a otras formas de ver la política; pero a nivel local y en elecciones pluripersonales, hacen pensar en solo medirse para las próximas u otras cosas nada positivas.
Ser alcalde o concejal de un municipio como Otavalo, con más de 120.000 habitantes, y casi 90.000 electores, supone una responsabilidad que no sé si todos los candidatos son capaces de asumir.
Ser alcalde es serlo todo y poderlo todo, lo demás parece una mera “participación ciudadana”.
Va por usted señora, señor…futuro alcalde.