NUESTRO BIEN GANADO PROCESO DE INTERCULTURALIDAD.

En Otavalo las relaciones interculturales eran a cada momento relaciones de valores, nuestra ciudad estaba unida cada vez más por estos espacios de relaciones, dígase, fiestas tradiciones, eventos programas, cultos, expresiones etc. Por tanto, concomitante al concepto de relaciones de interculturalidad, está la concepción de identidad, vivimos una identidad vista desde dos ópticas, desde una visión de la comunidad y desde el desarrollo de la autoestima y personalidad de cada hombre y mujer, niño y niña.

Aunque no lo reconozcan los medios de comunicación social, la radio, la televisión, tratan de afianzar dichas relaciones, en tanto que las autopistas de la comunicación como el internet y el correo electrónico, han mermado dicha correlación, convirtiéndose en fronteras convencionales, dejando atrás, “las culturas cada vez más se conocen entre sí, van construyéndose así mismas en contacto permanente con otros”.

Acá parece que no, el proceso de convivencia humana entre culturas diferentes ya no es una relación recíproca de valores, ahora cada ser cultural se fortalece en su propia identidad, y desconoce el concepto de interculturalidad, es que “solo es un concepto que día a día en la experiencia cotidiana de Otavalo se vive, se dice, pero no se reflexiona.” Si consideramos a la interculturalidad como proceso de convivencia humana, esta debe ser una práctica cotidiana y constante de respeto mutuo de los valores y espacios que tenemos cada cultura que vivimos en Otavalo.

Las acciones de las autoridades de turno, la solapada convivencia “pacífica” de culturas diferentes en Otavalo, establecen débiles relaciones recíprocas entre ellas, las últimas decisiones en relación a las reformas de las fiestas, no ayudan en nada a determinar que el proceso de convivencia humana no tiene por qué ser causa de pérdida de la identidad. Al contrario, fortalece nuestra identidad cultural personal y de cada pueblo.

No sé por qué se tomaron “legalmente” estas decisiones, si siempre valoramos lo propio y lo ajeno. Lo propio en términos de lengua, educación, expresiones culturales, tradiciones, cultos, filosofía, ética, pensamiento científico. Si cada vez nos fortalecíamos en nuestro ser cultural, aceptando los valores de los otros como aporte a la cultura propia o como valores que hay que respetar de las otras culturas. Era difícil y logramos tener conciencia que la diferencia que exige reconocer al otro “ser cultural” como persona, digno en su ser, útil para sí mismo y para los demás le permite valorar al otro como persona y eso implica que quien valora al otro se valora primero a sí mismo. Solo valorándose se puede valorar al otro. Eso estaba claro y lo respetábamos.

Rectifiquemos no creemos más conflictos y si los hay que estos sean superados como lo digo, por la valoración del ser cultural y de los otros. Recuperemos “el reconocimiento de las diferencias en la confrontación y el conflicto”, centremos nuestras actividades en la estructuración de una escala de valores en donde se dejen a un lado estereotipos como los complejos de inferioridad, de superioridad, actitudes racistas.

La identidad desde una visión de lo otavaleño, “hay más cosas que nos unen que las que nos desunen” se explica en la conservación y mantenimiento de los valores culturales de cada pueblo que convivimos.